|
La pagina editorial : Dependen de Él by Capitana Kathy See
A mi me encanta la máquina de bebida en mi oficina. Años atrás, cuando primero se estrenaron los dispensadores de agua, quedé entusiasmadísima. No se cuándo se inventaron, y ya que no siempre puedo contar con el Internet en mi computadora, es posible que nunca sepa. Digamos que fue en algún momento después de la época de los dinosaurios. Cuando llegué por primera vez a mi oficina en la Jefatura Internacional vi la máquina de bebidas – que ofrece 16 bebidas distintas, incluyendo al chocolate caliente light y la Coca Light también – y pensé, ‘Este lugar me cae bien.’
Elijo una taza de chocolate light a la mañana, otra media hora después, y – ya que es dieta – a veces tomo una tercera taza. A medio mañana tomo una Coca Light, y después otra antes del almuerzo. Ahora comienzo a sentir un poco culpable por mis elecciones no saludables; a veces hasta creo que siento que mi cara se craquea debido a las químicas que he bebido. Sucede eso si uno toma demasiada gaseosa, ¿verdad?
Si me gustara el té, el café o el capuchino, podría elegir una de estas bebidas igualmente no saludables también. Pero me da mucho miedo la adicción a la cafeína. Y, hay que decir la verdad, el aliento chocolatado es mucho mejor que el aliento de café.
Bueno, quizás no tenga una dependencia de la cafeína, pero sí dependo de la máquina de bebidas. Varios días mis colegas y yo no hemos podido usar la máquina. Por lo menos dos veces – ¿pero quien está contando? – pasaron dos semanas sin poder usarla. Aquellas dos semanas pasaron muy, muy lentamente. A veces tan sólo el botón de la Coca Light no funciona. ¡Sinceramente no se puede depender de esa máquina! ¿Acaso no se da cuenta de que necesito mi dosis de aspartamo por la mañana?
No da gusto depender de algo, y después ver que no anda. La máquina de bebidas me hace recordar de otras cosas en mi vida que también dejaron de funcionar justo cuando yo las necesitaba: mi Ipod (cuando salgo a correr); mi teléfono celular (cuando mi auto se ha quedado sin gasolina); la aspiradora (cuando los huéspedes están por llegar en cualquier momento); mi máquina de cocer (la noche antes de la fiesta escolar). ¡Lleva mucho tiempo cocer un disfraz de vaca por mano!
Y la gente. ¡Ni hablemos de la gente! ¿Cuántas veces he dependido de la gente que han desaparecido cuando más les necesitaba? Además de mi primer novio, ha habido mucha gente que me ha defraudado. Y ahora viene la pregunta personal: ¿Cuántas veces he hecho yo lo mismo? ¿Cuántas veces he defraudado a otra persona cuando más me necesitaba?
Nunca me olvidaré de la noche que le estuve bañando a mis bebés y mi vecina vino a mi puerta para hablar conmigo otra vez – la décima vez esa semana. Fingí no estar en casa. ¿Qué clase de oficiala hace eso? ¡Yo lo hice! Una madre cansada, que tan solo quería acostarse. A veces no tan confiable, a veces demasiada confiada, pero siempre con el deseo de ser confiable. Así me describiría yo. Pero hay Uno que se caracteriza por su confiabilidad … nuestro Dios confiable. A Él no le desanima la máquina de bebidas que no funciona. De hecho, Él puede proveer agua de una roca.
|